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Los adolescentes que abusan de fármacos recetados, como los analgésicos opiáceos, son propensos a iniciar o a ser víctimas de la violencia de pareja, encuentra un nuevo estudio.

En una encuesta nacional de más de 10,000 adolescentes que tuvieron relaciones románticas en el año anterior, los investigadores encontraron que el uso no médico de medicamentos recetados por parte de los chicos se asociaba con la violencia sexual de pareja.

Y el uso no médico de medicamentos recetados por parte de las chicas se vinculaba con más frecuencia con la violencia física de pareja, según la autora líder del estudio, Heather Clayton, científica de la salud en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

Los hallazgos mostraron que casi un 10 por ciento de los estudiantes de secundaria encuestados dijeron que habían experimentado violencia física de pareja, y poco más de un 10 por ciento dijeron que eran víctimas de violencia sexual de pareja.

“Según la Encuesta nacional de conductas riesgosas en los jóvenes de 2015, casi un 17 por ciento de los estudiantes de secundaria de EE. UU. indicaron que habían usado fármacos recetados sin la prescripción de un médico en algún momento de sus vidas”, señaló Clayton.

Además, se estima que un 6 por ciento de los adolescentes de 12 a 17 años usaron mal un medicamento recetado (como un analgésico, un tranquilizante, un estimulante y un sedante) en el año anterior.

“Sabemos que los jóvenes que experimentan violencia de pareja son más propensos a tener síntomas de depresión y ansiedad, a participar en conductas malsanas como usar tabaco y drogas y beber alcohol, a estar implicados en conductas antisociales, y a pensar sobre el suicidio”, dijo Clayton.

“Es probable que las asociaciones sean complejas y que reflejen muchos de los desafíos a los que se enfrentan las poblaciones que ya están en riesgo”, añadió.

Una experta en pediatría cree que entre el mal uso de medicamentos recetados y la violencia de pareja hay un círculo vicioso, en que uno fomenta al otro.

“Es probable que el abuso de los medicamentos recetados aumente las probabilidades de victimización por la violencia, y que esa victimización aumente las probabilidades de que un joven se implique en el abuso de los medicamentos recetados”, planteó la Dra. Elizabeth Miller, directora de la división de medicina de adolescentes y adultos jóvenes en el Hospital Pediátrico de Pittsburgh.

“Es importante prestar atención a la forma en que la violencia sexual podría estar relacionada con otros problemas de salud, como el abuso de los medicamentos recetados”, dijo Miller, que escribió un editorial publicado junto con el estudio.

También es posible que tanto el abuso de los medicamentos recetados como la violencia de pareja tengan raíces similares, como los problemas de salud mental que ocurren antes de la adolescencia, sugirió.

“Los médicos y los enfermeros que atienden a los jóvenes deben ser conscientes de que los jóvenes que abusan de los medicamentos y las drogas también son más propensos a estar en relaciones malsanas y abusivas, lo que a su vez puede empeorar el uso de medicamentos y drogas”, añadió Miller.

En el estudio, los investigadores de los CDC analizaron los datos de más de 5,100 chicos y 5,300 chicas de noveno a duodécimo cursos, que habían tenido relaciones de pareja en el año anterior a la encuesta.

Se preguntó a los adolescentes cuántas veces en el año anterior habían tomado un medicamento recetado (como OxyContin, Percocet, Vicodin, codeína, Adderall, Ritalin o Xanax) sin la prescripción de un médico.

También se preguntó a los estudiantes si su pareja les había atacado físicamente. Esto incluía cosas como ser golpeado, empujado contra un objeto o lesionado con un objeto o arma.

También se preguntó a los adolescentes sobre la violencia sexual, específicamente cuántas veces en el año anterior alguien con quien tenían una relación de pareja había hecho cosas sexuales que ellos no deseaban, como besar, tocar o que les obligaran físicamente al coito.

Según Clayton, “este estudio puede usarse para informar y mejorar los esfuerzos comunitarios y escolares para prevenir la victimización mediante la violencia de pareja y el uso de sustancia en los adolescentes. Los profesionales clínicos también podrían tomar en cuenta la asociación entre esos problemas de salud conductual al evaluar a sus pacientes adolescentes respecto a las experiencias de violencia de pareja o de uso de sustancias”.

El informe aparece en la edición en línea del 20 de noviembre de la revista Pediatrics.

FUENTES: Heather Clayton, Ph.D., M.P.H., health scientist, U.S. Centers for Disease Control and Prevention; Elizabeth Miller, M.D., Ph.D., director, division of adolescent and young adult medicine, Children’s Hospital of Pittsburgh, and professor, pediatrics, University of Pittsburgh School of Medicine; Nov. 20, 2017, Pediatrics, online

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