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Mejorar la alimentación reduce la mortalidad después de un infarto

En un estudio de Estados Unidos, los participantes que mejoraron sus hábitos alimentarios después de un infarto tendieron a vivir más que aquellos con una dieta menos cardiosaludable.

De los 4.000 hombres y mujeres estudiados, los que más cambiaron la dieta fueron un 30 por ciento menos propensos a morir por cualquier causa y tuvieron un 40 por ciento menos riesgo de morir por enfermedad cardiaca que los que menos modificaron su dieta.

“Este estudio sugiere que los cambios del estilo de vida, en especial los que mejoran la alimentación, tendrán un efecto”, dijo el doctor David J. Frid, cardiólogo preventivo de la Clínica de Cleveland, Ohio.

“Es algo que sabemos desde hace tiempo, pero no teníamos datos definitivos de la realidad”, agregó Frid, quien no participó del estudio.

Son pocas las investigaciones sobre cómo los cambios alimentarios mejoran la salud después de un infarto, según publica en JAMA Internal Medicine el equipo de la doctora Shanshan Li, de la Facultad de Salud Pública de Harvard, Boston.

Los autores utilizaron información de dos estudios sobre profesionales de la salud de ambos sexos que respondían sobre el estilo de vida y las enfermedades cada dos años y la alimentación cada cuatro años.

El equipo incluyó datos de 2.258 mujeres y 1.840 hombres sin antecedentes de infarto, accidente cerebrovascular o cáncer al inicio de los estudios, a mediados de los años 1970 y 1980. Todos sufrieron infartos durante el estudio.

Los autores le asignaron a cada participante un puntaje por la calidad de la dieta y según la cantidad de carnes rojas o procesadas, bebidas azucaradas, frutos secos, verduras, grasa, alcohol, granos integrales y sal consumida.

Murieron 1.133 personas por todas las causas durante los estudios; 558 fueron de origen cardiovascular.

En el 20 por ciento que más había mejorado la dieta después del infarto, murieron 140, mientras que en el 20 por ciento que menos había cambiado la alimentación murieron 247 participantes.

“Hallaron que la mortalidad y otras complicaciones cardiovasculares se reducen un 30 por ciento. Al compararla con otras intervenciones que utilizamos (…) esa reducción es casi tan buena como la que logramos con las estatinas”, dijo Frid.

Una alimentación de alta calidad después de un infarto estuvo asociada con un 24 por ciento menos de mortalidad por cualquier causa durante el estudio.

El equipo de Li, quien no realizó comentarios sobre el estudio, destaca que los resultados coinciden con hallazgos previos sobre el efecto de la dieta estilo mediterráneo, que es rica en aceite de oliva, nueces, pescado, frutas y verduras.

 

FUENTE: JAMA Internal Medicine, online 2 de septiembre del 2013.

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